Cambiando una trajedia en alegria

La aldea quedaba a seis kilómetros de la ciudad. Ella cargaba a su niña de cinco meses de edad. El traía sobre su espalda la provisión de la semana y alguna ropa que habían comprado para estrenar.
La tarde estaba lluviosa y la carretera que aun era de tierra tenía baches fangosos y piedras lavadas por el torrente. Al desviarse del pavimento, no pensaron en nada más que en llegar a casa por el desvió de tierra el cual debían caminar por dos horas y media ya que el transporte se les había adelantado, el cual hacia un solo viaje en el día.
Avanzaron sobre dicho camino que se hacia rodear por fincas enormes de café, grandes vistas de milpas y bananeras que verdeaban a la distancia.

Parecía una tarde cálida, sin embargo los bosques de santa rosa de Copán son fríos en todo tiempo, se levantaban oleadas de neblina sobre los grandes arbustos y enredaderas. Ella se acomodaba su niña entre sus brazos arropada con una manta de seda, dándose calor así mismo a sus brazos helados por el viento que hacia que su piel se pusiera de gallina. Su esposo caminaba detrás de ella, mientras le hablaba sobre el próximo trabajo, el que empezaría el lunes, donde don Martín y decía: don Martín me contrato para ir a limpiar su frijolar así que, nuestra plantación debe esperar; ella con una mirada medio asombrosa le decía – pero usted sabe que nuestro frijolar se esta perdiendo entre el monte y es necesario que sea aporcado; a menos que yo baya dijo ella, y agrego -dejo a la niña con mi mama por unas horas y de paso traigo algunos pepinos -ah si- dijo el -hace una semana habían algunos pocos que empezaban a crecer – ella afirmo con la cabeza que había razón de ir, así puedo preparar un sabroso encurtido de los que te gustan dijo. El le regalo una sonrisa acariciadamente.

La gente de dicha aldea incluyendo las mujeres está acostumbrada a trabajar junto a su marido con el azadón limpiando las cosechas, claro esta que no era el caso de ella pero estaba en toda la disposición ya que desde niña había sido formada de esa manera.

Los dos siguieron el camino, donde de vez en cuándo se venían los chaparrones de agua que mojaban levemente sus cuerpos, mas sin embargo el sudor que ahora era sobre sus poros hacían que sus cuerpos exhalaran vapor de cuerpo caliente, y no les era fatigoso ni el frío ni el calor, sin embargo anhelaban estar en su casita tomando una buena taza de café junto al fogón de la hornilla, comiendo frijoles con caldo y tortillas calientes.
Aun faltaba tres kilómetros para llegar y cada ves aligeraban sus pasos; intercambiaban su carga a ratos ella llevaba la provisión, él recostaba a la bebé sobre sus hombros que de ves en cuando se despertaba para ver que pasaba mientras se dejaba caer nuevamente sobre el hombro de su padre quien la acogía entre sus duros brazos, indudablemente se sentía muy segura.

tarde ya casi caía por completo, el sol se había escondido desde hacia muchas horas pues los ventarrones habían arrastrado los nubarrones y ya había caído una tenaz tormenta que había llenado los caudales, los cuales sonaban hasta llegar al riachuelo indefenso al cual se convertían en una fiera salvaje.
Ya se escuchaba el sonar del río, el agua sonaba como de grandes cataratas, se combinaba con el sonido friolero de los pájaros y los ventarrones que hacia temblar los tres cuerpos mojados, sin embargo mantenían el calor a causa de la agitación del viaje.

Al llegar al rió -que quedaba al pie de una montaña rodeada de izotes y plantacion de papaya, algunos árboles de mango y roble- ella se quedo mirando con dudas de poder cruzarlos mas sin embargo tubo el buen animo de su esposo que la alentaba diciendo – pasare yo primero y si yo paso – agrego- tu podrás pasar al otro lado con la niña, del otro lado te estaré esperando – mientras decía esto ponía sobre los brazos de su mujer a la bebe que miraba con asombro la abúndate agua que corría sin cesar. Desatando sus zapatos empapados de lodo y barro con algunas hojas de monte verde, alistándose a cruzar el caudaloso riachuelo.
Al poner el pie desnudo sobre el agua fría, sucia y cargada de deshechos que en la fuerza de la corriente arrastraba de algún lugar y que a la vez golpeaba sus pies, decidió regresar para poner su calzado y exclamando dijo,- no hay de otra debo mojar mis zapatos- y así lo hizo.
Sintiendo la presión del agua bajo sus pies trataba de afirmarse cada vez mas, pues la corriente ponía mas fuerza cada vez que avanzaba hacia el centro del ligero riachuelo y su furia.

Una sonrisa llenó su rostro al haber logrado cruzar al otro lado con éxito, poniendo su carga sobre una grama limpia que verdeaba a la rivera grito. -¡Ahora pasa tu! -su esposa lo miraba con preocupación ella aun tenia dudas de cruzar mas sin embargo ahora era necesario, ya que él se encontraba al otro lado, ella pensaba en si mismo –no podré cruzar y si voy con mi hija es un riesgo aun mayor-, la duda llenaba su mente y presentía un raro temor; Él sabia que la corriente estaba fuerte y que la travesía de ella iba ser difícil, pero se llenaba de confianza ya que el hecho de que él había cruzado era señal de que ella también podría lograrlo. Tomo la niña en brazos mirando al otro lado a su esposo que le observaba con cuidado dándole una mirada de confianza de que podría.

Cada paso que daba se aumentaba también el temor ya que llegando al punto medio del riachuelo crecido las corrientes eran mas fuertes y ella pensó -no lo podré lograr- al instante ella perdió el equilibrio y sin darse cuenta había caído sobre las aguas caudalosas que le arrastraban con su niña en brazos, se escuchaban los gritos de una mujer desesperada que pegaba de piedra en piedra, trataba de tomar el equilibrio en la inmensa corriente pero era inútil, solo un instante le tomo para lanzar a su niña a la orilla del traicionero riachuelo para dejarse llevar, vencida por la corriente. Fue arrastrada hasta donde ya no pudo mas, en algún momento en su desesperación y vencida ya por la muerte alcanzo a sacar su cabeza del agua y con un gesto de dolor en su rostro levanto su mano y con ademán dijo adiós a su esposo que corría detrás de ella hasta donde los pequeños abismos que la corriente había hecho junto a los grandes matorrales que tragaban por fin su cuerpo inconciente y fragil como una tela, en el agua turbulenta. Su cuerpo se perdió entre las turbulentas aguas hasta desaparecer entre los matorrales y el agua tan oscura que su vestido blanco no se miro más.

El lloró con tanta profundidad que elevo un grito al cielo, un grito estremecedor que se penetro entre los inmensos bosques. Se preguntaba porque no esperar un poco a que la corriente bajara, deseaba retroceder el tiempo la corriente mermaría su fuerza, pero era demasiado tarde. Ya con su niña en brazos limpiándole su blanco rostro bañado de agua oscura nuevamente se imagino si ella quizás estaba viva, y nuevamente corriendo por toda la rivera del rio con su niña en brazos, camino tratando de verle sobre las oscuras aguas, ala rivera o embancada en alguna acumulación de arena, con desesperación corrió pero fue inútil, no había rastros de su mujer.Al sentirse vencido tomo nuevamente el camino y de vez en cuando se paraba deseando regresar y buscar a su amada, mas sin embargo, el sabía que era inútil volver, aun en su mente no tomaba forma la idea de dejarla y mas que eso haberla perdido tan prontamente pues llevaban un año seis meses de casados y aun vivían en su primer amor.
Al llegar al caserillo la noche ya había caído con toda su fuerza oscura, el cielo carecía de estrellas y las grandes nubes oscuras cubrían toda la superficie espacial.
Al introducirse al caserillo aun era escaso el aliento a su corazón pues dar la noticia a sus familiares iba ser aterrador para todos, sin embargo era inevitable. Debía dar la noticia.

Cruzo con rapidez las lodosas calles de tierra, cruzando un tramo de calle empedrada que daba con la humilde casa de adobe que pertenecía a sus suegros a quienes daría la dolorosa noticia. Al llegar el, todos con asombro miraron que la niña estaba sucia y despeinada con muestras de lodo en sus labios y sus ropas empapadas de humedad. El tenía un aspecto de desesperación dibujado en su rostro contaba a todos lo sucedido como si aguardara la esperanza de que aun estuviera viva en algún lugar necesitando auxilio. Pensaba en la ultima mirada, en el eterno adiós que ella alcanzo hacer en el ultimo aliento de su mirada y en los gritos que ella elevo los cuales aun seguían resonando en el estado sensible de la mente. Lloraban todos en casa aun su padrastro sus hermanas su hermano menor, que para ese entonces tenia seis años. No podían imaginarse haber perdió a una persona tan valiosa. Los vecinos se reunieron en grupos para alentar a la familia que se desvanecía de dolor. Para cuando la mañana llego ya no habían lagrimas todos en el pueblo se lamentaban por la perdida.

Los hombres se pusieron en acorde junto con los tíos de la victima y familiares cercanos para buscar en el rió el cuerpo el cual no se podían imaginar su estado.
El riachuelo había bajado su furia a la mañana y sus aguas teñían un color blanqueado, con espuma que se disipaba sobre las rocas lavadas; las riveras estaban labradas por el torrente del día anterior, grandes bancos de arena resaltaban de entre las corrientes desordenándose de un lado a otro.

Con esmero buscaban hasta que por fin alguien grito -! Aquí esta!- Todos corrieron y para su sorpresa sus ropas estaba desgarradas completamente su piel desnuda y de un color morado profundo por los hematomas de los golpes en las rocas. Su cuerpo fue levantado de entre los escombros, su nariz, oídos y boca estaban repletos de arena, de parte en parte, en todo su cuerpo había heridas que ya no sangraban.
Envuelta en las camisas de los que habían ido en su búsqueda, fue llevada a la aldea donde fue preparada. Todos en la aldea acudieron inmediatamente para ver como había quedado su destrozado cuerpo y para sorpresa de todos yacía irreconocible como si se tratase de otra persona.

Después de haber sido preparada con ropas limpias y vestida con la mortaja blanca fue puesta sobre una mesa que fue adornada con arreglos florales, su rostro desfigurado he irreconocible ya se combinaba con el color de las flores de las que crecen en los jardines en las cercas de las casas y las silvestres que crecen de forma natural en el campo.

Todo el panorama olía a flores, las gentes llegaban y miraban su rostro mientras decían: – ella no se merecía esta muerte, eran buena.- De hecho todos en la aldea le querían tanto , pues ella se encargaba de alegrar las tardes con sus fantásticos cuentos, poseía un don especial para hacer volar las mentes de los que le rodeaban; típico de los pueblos de santa rosa, contar historias de miedo o cuentos fantásticos, en un pueblo sin alumbrado eléctrico los candiles hacían su papel hasta que el gas se acababa del recipiente.
La tarde avanzaba con rapidez, en la cocina las gallinas listas para ser sacrificadas para la sopa de los invitados, una vieja costumbre de copan es dar sopa de gallina para apagar el sueño de la madrugada.

Prontamente el tiempo pasaba y las noche hacia su visita primero a la cocina donde la oscuridad se hacia dueña y era hora de preparar los candiles. En el patio, muchos por costumbre hacían las ruedas para jugar naipe y a la ves tomar café, pues aun el tiempo era frió y los ventarrones movian los grandes arboles, entre ellos también estaban las ancianas con rostro melancólico, otros comentaban la muerte de la joven y hacían notar algunas cosas que en vida nadie podía ver.
Las mujeres en la cocina, de vez en vez sacaban alguna bromilla simple para apagar un poco la tristeza que embargaba aquel lugar.
La noche por fin había llegado, el cielo se veía en gris profundo haciendo juego con el velorio que entraba en su buen punto.

A la una de la madrugada, la sopa dejaba salir su aroma hipnotizante, en los rostros soñolientos les bestia con una leve sonrisa pues el sueño ya era profundo, un poco de sopa les vendría bien; entre otros preferían el café caliente, dos componentes que seguramente les levantaría el animo.
Al llegar la mañana cada quien regreso a su hogar para poder dormir un poco pues el entierro seria a la una de la tarde y la aldea completa acompañaría a la difunta hasta donde seria su descanso eterno en el cementerio del pueblo y así poder olvidar el enorme dolor que solo en los recuerdos quedaría.
La mañana había avanzado y ya caía el medio día aun el sol se resentía detrás de los nubarrones blancos por su resplandor.

Los sepultureros regresaban cargando la piocha, la barra y el azadón con que habían abierto la sepultura donde yacería el cuerpo para siempre o al menos el recuerdo y sus huesos que al cabo de los años quedarían desnudos, cumpliendo lo que dice el libro sagrado “del polvo eres y al polvo volverás”.
A dos horas de la ceremonia de entierro, se hacían los preparativos y como era de suponerse la multitud se agolpaba, era tan grade que los patios de los vecinos cercanos se poblaron y todos con sus ramos de flores se alistaban para la caminata que duraría media hora hasta el panteón que quedaba a tres cuartos de kilómetro de la aldea.
Pronto la hora había llegado, decirle el ultimo adiós a la aldea era un acto único, dicho rito constaba de sacar el cuerpo del difunto con los pies viendo hacia el lugar del cementerio y no a la aldea, pues se creía que si el difunto se sacaba con la cara hacia la aldea poco a poco todos irían muriendo sin ninguna razón meramente explicativa, partiendo de esta costumbre se decía “ella se llevara a muchos si la sacan con el rostro viendo a la aldea”.

En hombro de cuatro caballeros fue llevado el ataúd de madera de pino, tablas pulidas, vestidas de un color natural. Al llegar al cementerio muchos aprovechaban a visitar las tumbas de sus parientes mientras otros hacían el boto melancólico de presenciar el entierro y conmoverse de los gritos de lamento de los padres de la difunta, su abuelo que hacia muchos años había perdido a su esposa también lloraba la partida de su nieta apreciada, el ultimo adiós se hacia al ser que les había dado a todos muchos momentos de felicidad.
La ultima palada de tierra fue tirada y al fin todo terminaba aparentemente, mas sin embargo el vació en el corazón y en la casa aun serian mas notables al llegar nuevamente y oler el luto que en sus entraña se guardaba.
Las horas pasaron, todos guardaban silencio, la tarde llegaba con algunos chubascos que cernían el viento como cae la haría bajo el colador. El cansancio era notorio en sus rostros pálidos por el desvelo y las lagrimas, los ojos hinchados enrojecidos por las lagrimas que se habían hecho dueñas de sus pupilas.

Mientras algunos decidieron dormir temprano otros se quedaron a comentar sobre lo sucedido, poco a poco uno a uno se fue yendo a dormir mientras el abuelo, con su pierna cruzada y masticando una chenca de tabaco, miraba a la nada con su mirada cansada por los años; cuando de pronto una pequeña silueta se movía a la distancia sobre el camino que conectaba la casa con una abandonada finca, el le veía tambalearse como auxiliándose de de los arbustos y sorprendido grito: ¡- vengan todos-¡ algunos cargados de sueño se levantaron para ver lo que sucedía y para su sorpresa a pocos metros de distancia contemplaron a una mujer con sus ropas cortadas, harapienta en su aspecto, al principio llenó de terror con su apariencia mas sin embargo al verle detenidamente a través de la luz de los candiles que vislumbraban su vista cansada notaron que era la difunta que hacia unas horas habían enterrado.
El asombro y el espanto le invadió totalmente haciéndoles correr al interior de la casa, pero el abuelo se quedo lleno de valor, y su hija se había refugiado detrás de él.

Una vos desquebrajada y débil salió de los labios del espanto y dijo:- Soy yo ayúdenme, que les pasa? Al instante su cuerpo se desplomo al suelo. Con temor y asombro poco a poco el abuelo se fue acercando al cuerpo inmóvil descubriendo así que era su nieta; Rápidamente la llevaron a la cama, contemplaron su cuerpo golpeado por las rocas y arena que aun tenia en su piel. En sus ojos se notaba el cansancio y el desvelo, formaba las ojeras en un color oscuro como de nube de tormenta.
Muchos vecinos se reunieron para ver lo sucedido y para el asombro de muchos ella abrió sus ojos para volver a quedarse dormida completamente.

A la mañana siguiente muy temprano el abuelo que había permanecido a su lado toda la noche presencio el abrir de sus ojos, él ciñó en su mejilla una sonrisa de placer, al saber que su nieta estaba viva.
La pregunta ahora era a quien habían enterrado?

Al paso de los días ella había recuperado por completo el conocimiento y contó su penosa historia.
La corriente la había arrastrado un kilómetro abajo. Después de sufrir un duro golpe en la cabeza contra una roca que le dejo inconsciente nunca mas supo nada de lo que paso, no obstante ella despertó entre unas enormes rocas que no había dejado salir su cuerpo encallado en un banco de arena en el cual despertó y poco a poco luchando pudo salir a duras penas después de muchas horas de inconsciencia y lucha pudo adherirse a unas raíces que le fueron de auge para retomar el camino a casa, sin embargo su mente estaba perdida aun no tenia idea de dónde estaba. Caminó sin rumbo hasta encontrar un lugar que le parecía haber visto antes el cual
le dio la idea de por donde podría estar la aldea.

En cuanto al cuerpo que habían enterrado, a los pocos días llegaron a la ladea las noticias que ese cuerpo era el de una mujer que hacia unos años había andado vagando por el boque porque había perdido el conocimiento y a causa de un trauma por la muerte de su hijo vagabundeaba en la penumbra buscando su hijo que había sido arrebatado por la corriente del río. Ella había enloquecido y nadie sabe si el rió le arrebató su vida o ella quiso ofrendarse a el…
pero esta es otra historia…